LUCA
Nos subimos a la camioneta sin más palabras. Iván se sentó en el asiento del copiloto, mientras Leo conducía. Enzo se quedó con Alan y conmigo en la parte trasera, vigilándonos de cerca.
El camino fue largo y silencioso. A través de la ventanilla, el bosque pasaba como una mancha oscura e interminable, interrumpida solo por los faros de otros vehículos en la distancia.
Finalmente, tras lo que parecieron horas, llegamos a una cabaña en medio del bosque. No era grande, pero estaba bien resgu