LUCA
El viento helado de Oymyakon rugía con más fuerza cuando salimos de la tienda. La nieve bajo mis botas crujía con cada paso que daba, mientras Iván caminaba a mi lado, en completo silencio. Enzo y Leo iban unos pasos detrás de nosotros, con sus rostros pétreos y miradas calculadoras. Alan nos seguía de cerca, su mandíbula tensa y la desconfianza ardiendo en sus ojos. Sabía que no le gustaba la idea de que nos pusiéramos en manos de la mafia italiana, pero en este punto no había otra opción