CAPÍTULO 88: LAS FORMAS DE AMAR
Eden
La angustia es como una segunda piel. No se quita con agua caliente ni con suspiros. No importa cuánto duerma —si es que logro hacerlo—, ni cuántas veces acaricie el cabello de mi hija buscando un poco de consuelo. Siempre está ahí, pegada al pecho, latiendo con cada tic del reloj. El mundo afuera está en ruinas, pero aquí dentro, en este rincón prestado de paz, el silencio es más aterrador que las explosiones.
Estoy dándole de comer a Selena cuando Dmitry s