CAPÍTULO 75: LAS SOMBRAS DE MOSCÚ
Nikolai
No soy de los que escuchan a escondidas. Me parece una costumbre de débiles, de cobardes… de periodistas, pero cuando escucho la voz de mi hermano y el tono quebrado de Eden al otro lado de la puerta, algo en mí se congela. Me detengo. El aire se vuelve más espeso que el vodka barato y me descubro… inmóvil.
No debería importarme a este nivel. Después de todo, la partida de ajedrez entre Dmitry y yo empezó hace mucho, y los peones caen como moscas desde