CAPÍTULO 51: LA MENTIRA DESPUÉS DEL SILENCIO
Eden
Empacar nunca había sido tan fácil. Cuando el corazón está roto, el cuerpo actúa en automático. Meto lo poco que tengo en una mochila vieja: un par de jeans, dos suéteres, una blusa que alguna vez le gustó a Freezer (y que ahora me dan ganas de prenderle fuego), el cargador del celular y… ya. Eso es todo. No dejo nota, no cierro bien el cajón, ni me despido de la cama donde pensé que, por una vez, podría tener un hogar con alguien. Qué ilusa.
Cu