Mundo ficciónIniciar sesiónSabía de Jax Jones por los miles de rumores que corrían sobre él, desde que era un asesino, a un mafioso, pasando por la posibilidad de que fuera un prostituto; pero yo sabía que no era así. Detrás de sus miradas frías había algo escondido.
Leer másANDRANo estabanerviosa, solo me sudaban las manos, el corazón me latía a mil por hora, sentía naúseas... ¡Joder, me casaba por fin!Diez años, diez años habían tenido que pasar para que Jax y yo nos encontrásemos en aquella iglesia pequeña. A penas llegábamos a las veinte personas, toda la prensa y periodistas de revistas estaban perdidos por ahí. Desde que me había hecho oficialmente conocida como diseñadora de moda—hacía tres años—, mi foto salía en periódicos, en la televisión... y ¡hasta me invitaron a una alfombra roja! a la cual fui con un Jax en traje y sin mi hijo, al cual tuve que dejar en manos de Nora y Trent aunque no quería.Llevaba puesto aquel vestido que una vez diseñé, no era blanco, era
ANDRANo me acostumbraba a soportarun peso de más como si cargara una mochila llena de piedras, pero mi dolor de espalda valía la pena cada vez que me miraba al espejo y veía mi abultado vientre. Llevaba seis meses de embarazo, y aunque todavía le faltaba crecer, nuestro hijo tenía todas las de salir igual de grande que Jax. Entre que yo era muy delgada y pequeña, y que Jax era como un armario de músculos, temía que mi hijo me rompiera al nacer.—Andra.Miré hacia la puerta del baño; Jax llevaba un buen rato allí metido arreglándose; nuestras familias y amigos querían celebrar Halloween, y aunque a mí me mataban los pies y la espalda si andaba mucho, yo también quería celebrar esa fecha tal y cómo llevábamos haciendo a
ANDRA—Pues enhorabuena, famosilla, vas a conseguir que ha Jax le de un infartoApreté el puente de mi nariz y me tiré sobre la cama de espaldas.¡Genial, Andra, lo has hecho genial!me animé. Nora me miraba con una mueca en los labios, y se tiró encima mía abrazándome, pero enseguida se movió y me pidió perdón.—Mierda, Nora—me tapé la cara con las dos manos y suspiré—. Después de esto me va a sacar los ovarios.—Venga tía, no te preocupes, ya habíais hablado de esto ¿no? Según mis cálculos y al ritmo que ibais, esto os debería de haber pasado cuando tenías diecinueve años.Solté una risilla. Si bien Jax y yo ya habíamos hablado de un futuro con hijos, no estaba segura de s
ANDRAYa me estabaacostumbrando y era rutina, pero no una rutina de las aburridas, era una rutina preciosa y de la que no podía cansarme.Llegué al ático, dejé mi mochila con los apuntes al lado de la puerta, y el bloc que usaba para mis diseños sobre una pequeña mesa dónde teníamos guardadas las llaves y algunas facturas. La casa estaba helada —literalmente —, el invierno había llegado con fuerza y persistía en no querer subir la temperatura a por lo menos unos cinco grados. No me deshice de mi bufanda ni de mis guantes hasta que encendí la calefacción y empecé a sentir el calor hogareño que me brindaba mi casa. Siempre lo dejaba todo desparramado, y cuando Jax llegaba de la empresa me
Último capítulo