La noche caía lentamente cuando Leonardo y Alanna llegaron al lujoso salón de la subasta. La fachada del edificio, con sus enormes columnas de mármol y luces doradas iluminando la entrada, era imponente, un reflejo de la exclusividad del evento. La alfombra roja se extendía hasta el vestíbulo, donde los asistentes, vestidos con sus mejores galas, conversaban en pequeños grupos, sosteniendo copas de champán.
Alanna descendió del auto con la elegancia natural que la caracterizaba. Su vestido, de