Los gritos de Allison resonaban por toda la mansión, desgarrados y agudos, alertando a todos los que estaban en la casa.
Las pisadas apresuradas resonaron en las escaleras y, en cuestión de segundos, la puerta del cuarto se abrió de golpe.
Leonardo entró primero, con el ceño fruncido, su mirada recorriendo el desastre en la habitación. Miguel y su madre no tardaron en aparecer detrás de él, sus expresiones reflejaban una mezcla de confusión y preocupación.
—¡Allison! —exclamó la señora Sinister