Leonardo frunció el ceño cuando vio a Allison sollozar en los brazos de su madre, con una mano sobre su mejilla enrojecida. Miguel, a su lado, la miraba con furia contenida, como si estuviera listo para atacar en cualquier momento.
—No sé por qué está haciendo esto… —gimió Allison, con la voz entrecortada—. Entró furiosa diciendo que le devolviera un perfume… ¡Un perfume, mamá! Y cuando le dije que yo no tenía nada suyo, empezó a revolver todo, a tirar mis cosas, y de repente… de repente me gol