El aire en la habitación se volvió espeso, casi irrespirable. Alanna sentía el corazón latiéndole en los oídos, su paciencia colgando de un hilo tan fino que apenas existía.
—Dámelo, Allison. No voy a repetirlo.
—No te lo voy a dar —respondió su hermanastra con una sonrisa burlona—. ¿Qué vas a hacer? ¿Golpearme?
Allison se echó a reír con burla. Esa risa… Esa maldita risa que siempre la había acompañado en sus peores momentos.
Fue el sonido lo que la quebró.
Antes de darse cuenta, su mano se el