En ese momento toda la familia llegó a la habitación y vieron a Esteban, tocándose el labio partido, miró al suelo, incapaz de decir algo. La humillación lo envolvía, y la rabia por no haber podido hacer nada para evitar la escena se convertía en una sensación amarga que lo ahogaba. Pero no podía irse, no podía permitir que su orgullo fuera destruido tan fácilmente. A pesar del dolor, Esteban levantó la vista, con los ojos llenos de furia y orgullo herido, pero sin palabras.
Alanna, aún temblan