El aire en la mansión se volvió denso, cargado de tensión. Todos, de alguna manera, intentaban digerir la magnitud del daño que había sufrido el vestido de Alanna. Sin embargo, cuando la mirada de Alanna se dirigió nuevamente hacia Allison, la joven mantenía una calma inquietante, un brillo de desdén en sus ojos que solo alimentaba la furia de Alanna.
—No hay pruebas que demuestren que fue ella, Alanna —dijo con tono firme Miguel, intentando desviar las acusaciones—. No podemos apresurarnos a h