Alanna se sentía mejor. Los cuidados de Leonardo habían dado frutos, y aunque aún no estaba completamente recuperada, su cuerpo ya no era aquella sombra frágil que apenas podía sostenerse. Cada día, con su ayuda, ganaba un poco más de fuerza, y su espíritu, aunque aún herido, comenzaba a sanar. Sin embargo, sabía que no podía escapar de las presiones familiares, especialmente cuando se trataba de su boda con Leonardo.
Esa tarde, el aire fresco del atardecer parecía susurrar secretos al pasar, m