Alanna se sentó al borde de su cama, observando el sol que comenzaba a iluminar el jardín. Después de varios días de tratamiento, se sentía un poco más fuerte. El agotamiento seguía presente, pero su cuerpo ya no parecía estar al borde del colapso. Sus piernas ya no se sentían tan pesadas, y aunque la debilidad aún la acechaba, la determinación en su interior la impulsaba a salir de la habitación.
Leonardo, siempre atento, la observó desde la puerta. Se acercó a ella con una sonrisa suave, sus