Por primera vez, Alanna percibió algo en su mirada que iba más allá de la fría distancia que siempre había mostrado. Esta vez, su mirada era cálida, profunda, como si el hombre que siempre había sido calculador, el que la había mirado con desdén en ocasiones, estuviera verdaderamente viendo la persona que había frente a él, no solo el objeto que había creado para él. Era admiración, sí, pero no la admiración vacía que se le suele dar a las apariencias. Era algo más sincero, algo que llevaba con