El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas cuando Leonardo y Alanna se acomodaron en la terraza de la mansión Sinisterra. Una brisa suave recorría el jardín, agitando ligeramente las hojas de los naranjos, mientras una bandeja de porcelana descansaba sobre la mesa con dos tazas de café humeante. La tarde estaba en calma. Silenciosa. Casi idílica.
Leonardo observó a Alanna con atención. Había algo en su mirada, algo distinto. Sus labios apenas curvados, como si intentaran reprimir una carcaj