El portazo se escuchó en todo el pasillo. Allison irrumpió en la oficina de Miguel con el rostro desencajado, los ojos llenos de rabia y el ceño fruncido en una línea dura. Caminó hasta su escritorio sin pedir permiso, como una tormenta que no pide paso antes de arrasar. Cerró la puerta tras de sí y lanzó su bolso sobre la silla con violencia.
—¿Qué fue todo eso? —espetó con voz ronca—. ¿Qué fue ese show que montaste en la sala de juntas? ¿Te parece gracioso humillarme delante de todos?
Miguel