El ascensor llegó al piso treinta y cuatro justo un minuto antes de que comenzara la jornada laboral. Alanna caminó entre los cubículos con paso elegante, saludando con una leve inclinación de cabeza a quienes se cruzaban con ella. Llevaba un traje beige de corte clásico, sin estridencias, sin pretensiones. Su cabello recogido con pulcritud. Ni una joya llamativa. Ni un gesto de vanidad.
Era invisible para quienes no sabían mirar.
Pero quienes sabían… no podían apartar los ojos de ella.
En cuant