El sol de la mañana entraba suavemente a través de las grandes ventanas del salón. La luz dorada iluminaba las paredes blancas y reflejaba una serenidad que no se veía en los pasillos de la empresa. El aire estaba fresco, aún impregnado con la calma de la madrugada. En la mesa del desayuno, Alanna y Leonardo compartían su café, ambos con la mirada fija en el horizonte, pero con sus pensamientos perdidos en todo lo que había ocurrido durante las últimas semanas.
—No puedo creer que ya sea doming