El reloj marcaba las 9:59 a.m. Leonardo revisaba una vez más la presentación en su computadora. Todo tenía que salir perfecto. Los inversionistas internacionales de Salvatore Group estarían conectados en minutos. La reunión era crítica. Sería la primera gran presentación tras la reestructuración de la empresa.
Alanna estaba junto a él, sentada con la espalda recta, las manos cruzadas sobre la carpeta de notas. Aunque su rostro mostraba serenidad, por dentro sentía que el corazón le latía a mil