La mañana en Salvatore Corporation transcurría con normalidad. Al menos, para todos menos para Leonardo.
Desde que Alexa había cruzado esa puerta el día anterior para reclamarle por el contrato, su actitud había cambiado. No había gritos, ni rabia, ni exigencias. Tampoco amenazas. Solo una calma extraña, antinatural, demasiado pensada.
Leonardo lo notó desde el momento en que entró a la sala de reuniones y la vio ya sentada, con una pierna cruzada sobre la otra, su cabello recogido con precisió