El regreso a la mansión Sinisterra estuvo cargado de tensión. Mientras la familia viajaba en un auto, Alanna lo hacía en otro, acompañada por Leonardo. El silencio entre ellos era denso, casi asfixiante. Leonardo mantenía la mirada fija en la carretera, su expresión inescrutable, mientras Alanna miraba por la ventana, tratando de controlar la tormenta de emociones que tenía dentro.
La familia había ingresado a la mansión con los ánimos por los suelos, y la razón era clara: la humillación públi