Allison no soportaba ver a Alanna con esa actitud orgullosa, como si nada ni nadie pudiera tocarla. Como si su compromiso con Leonardo le hubiera dado una armadura indestructible. Era insoportable.
Pero Allison no era una tonta. Sabía que si atacaba directamente, Alanna la aplastaría con su frialdad. No, ella debía jugar sucio, convertirse en la víctima.
Con una sonrisa inocente, comenzó a planear su próximo movimiento.
La oportunidad se presentó durante la tarde. El jardín trasero de la mansió