Alanna caminó junto a Leonardo, su corazón latiendo con fuerza, aunque su rostro seguía sereno. Sabía que él disfrutaba de estas situaciones, del control absoluto que ejercía sobre todos. Pero lo que más la inquietaba era que, por primera vez, la había defendido.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó, cuando ya estaban lo suficientemente lejos de Esteban y Allison.
Leonardo la miró de reojo, con una sonrisa ladeada.
—¿Esperabas que me quedara de brazos cruzados mientras un idiota te humilla?
—No nece