Alexa estaba a punto de girar el picaporte para marcharse cuando la puerta se abrió desde el otro lado. Y allí, con una sonrisa luminosa, apareció Sabrina, la hija de Bárbara y prima de Leonardo.
—¡Alexa! —exclamó con alegría desbordante, dejando caer su bolso al suelo para lanzarse a sus brazos—. ¡No puedo creerlo! ¿Estás aquí?
Alexa apenas tuvo tiempo de reaccionar, pero le devolvió el abrazo con una sonrisa impecable, esa que usaba como máscara desde siempre.
—Sabrina, estás preciosa —susurr