Leonardo ajustó las mancuernas de su camisa mientras observaba su reflejo en el espejo de su oficina. No era un hombre que se inmutara fácilmente, pero esta reunión tenía un peso especial. Durante años, había trabajado en sociedad con una de las mentes más influyentes del mundo empresarial, alguien que, a pesar de su gran impacto en la compañía, siempre había permanecido en las sombras.
Hasta hoy.
El mensaje que recibió en la mañana fue claro: "He llegado al país. Es hora de vernos en persona."