La mañana avanzaba lentamente en la empresa de los Sinisterra . A través de los ventanales, el sol apenas filtraba su luz entre las nubes grises, como si el cielo también dudara si merecía iluminar aquel lugar. Alanna estaba sentada en su oficina, con la espalda recta, la mirada fija en la pantalla del portátil y la expresión impasible de siempre. Ni un gesto, ni una emoción cruzaba su rostro. Parecía esculpida en hielo.
Tocaron la puerta una sola vez, y antes de que ella pudiera responder, est