Alanna cerró la puerta de su casa y apoyó la espalda contra ella, sintiendo el peso de todo lo que había sucedido.
Su pecho subía y bajaba con respiraciones irregulares.
No podía creerlo.
No podía procesarlo.
Las palabras de Enrique seguían repitiéndose en su cabeza como un eco imposible de acallar.
"Alanna… te amo."
Había sido real. No una alucinación. No un malentendido.
Su mejor amigo, el hombre que había estado a su lado en los momentos más difíciles, la amaba desde siempre.
Y ella…
Ella ja