Los días pasaron con una extraña pesadez en el ambiente.
Alanna lo notó casi de inmediato.
Leonardo había cambiado.
No fue un cambio abrupto ni escandaloso. No hubo gritos, ni discusiones, ni siquiera un gesto que pudiera señalar como el detonante de su comportamiento. Pero la distancia entre ellos crecía con cada día que pasaba.
Al principio, se dijo a sí misma que estaba imaginando cosas.
Que quizás Leonardo solo estaba más ocupado de lo normal, que el peso de sus responsabilidades lo tenía d