El aire dentro de la casa de Enrique tenía un peso distinto. No era denso ni incómodo, pero sí estaba impregnado de algo que a Leonardo le resultaba difícil de identificar. Un pasado del que él no formaba parte.
Desde el momento en que cruzaron la puerta, sintió que la presencia de Enrique envolvía el ambiente, no por ostentación, sino porque cada rincón de la estancia parecía contar una historia en la que Alanna sí tenía un papel. Él, en cambio, era un extraño.
—¿Recuerdas cuando intenté leer