La mañana amaneció gris, con un cielo encapotado que anunciaba lluvia. El aire era pesado, como si la tormenta que había quedado en el ambiente la noche anterior aún no se hubiese disipado del todo. Alanna despertó con la sensación de que el día traería consigo un enfrentamiento inevitable.
Leonardo ya estaba vestido cuando ella se incorporó en la cama. Desde la ventana de la habitación, observaba la ciudad con el ceño fruncido, una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo una taza de café. Se