Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz de la mañana se filtraba tímidamente a través de las cortinas blancas de la habitación. Lisa abrió los ojos, su mirada era como un témpano de hielo: fría, calculadora, pero con un fuego interno que ardía con una intensidad demoledora. No era una mujer derrotada, sino una guerrera renaciendo de sus propias cenizas.
Se incorporó lentamente, observando cada rincón de la habitación de la clínica. Sabía que estaba en el lugar perfecto para reconstruir su plan. Su mente era un laberinto de recuerdos, de dolor, de rabia contenida. Cada respiración era un paso más cerca de su venganza.
Giró su cabeza y en el umbral de la puerta, una mujer joven y embarazada, la miraba con sorpresa.
—Hola. Me llamo Lisbeth... bueno, me puedes decir Lisa… Supongo que tú eres mi compañera de habitación –exclamó con una pequeña sonrisa.
La mujer no lograba salir de su shock. Lisa la observaba en silencio recostada desde su cama a la espera de una respuesta. Solo le sonreía con los labios cerrados mientras la miraba con curiosidad. Sabía que si había estado en coma por varios meses como le habían dicho los médicos, sería una gran sorpresa para la chica encontrarla despierta.
—Hola —dijo finalmente la chica.
—Hola —repitió Lisa.
—¡Estás despierta! —exclamó con mucha sorpresa. Alicia no pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Sí —susurró.
—No sé ni por donde comenzar.
La joven se presentó, se llamaba Alicia, se acercó rápidamente hasta la cama de Lisa para sentarse junto a ella y tras respirar profundo intentando terminar de salir de su conmoción, preguntó lo primero que se le ocurrió.
—¿Cómo llegaste aquí?
—No lo sé —respondió Lisa. Debía mantener su fachada si quería llevar a cabo su plan.
—Pero ¿tuviste un accidente o qué te pasó?
—No sé.
—¿Y tu familia?
—No recuerdo. La verdad es que no recuerdo casi nada —exclamó con tristeza.
—Ok… pues… Supongo que es normal –respondió Alicia algo dudosa—, quiero decir… has estado muchos meses en coma, tal vez tome tiempo que recuerdes las cosas.
—Sí, eso dijeron los médicos, que quizás, solo necesito tiempo —dijo con una sonrisa. Alicia también sonrió.
—Bueno… aquí me tienes para lo que necesites.
—Gracias.
Ambas mujeres congeniaron rápidamente y en pocos días, ya se habían hecho bastante cercanas. Sin embargo, Alicia tenía algunas dudas acerca de Lisa, ella aseguraba recordar muy poco de su vida pasada, pero Alicia creía que por alguna razón, estaba mintiendo. Sus amigas se sorprendieron ante la noticia que Lisa había despertado y al igual que Alicia, pronto se llevaron bien. Solían conversar con ella cada vez que iban a la clínica de visita, les parecía bastante agradable y a diferencia de Alicia, no tenían dudas sobre lo que Lisa les decía.
—Estuvo hablando con el doctor —comentó un día Alicia— él me dijo que sufriste algo grave. No saben exactamente qué ocurrió, pero por tus heridas, pensaban que no te recuperarías. Todos están muy sorprendidos con que estés viva —Lisa no pude evitar esbozar una sonrisa ante esas palabras porque sabía que era verdad, nadie esperaba que ella siguiera viva— Pero ahora estás en la clínica de Anderson y este es un lugar seguro.
Seguro. La palabra resonó en su mente como una burla. Nada había sido seguro en su vida desde que Gerald intentó asesinarla.
A lo largo de la mañana, Lisa y Alicia conversaron. La joven compartió su historia, actualmente tenía leucemia, estaba embarazada que era un milagro y su esposo, ahora ex esposo le había sido infiel por lo que le había tocado aceptar su destino y continuar con su vida, pero en su camino de lucha se había topado con Anderson, un hombre maravilloso. Alicia le compartía a Lisa sus miedos y sus esperanzas, de alguna manera parecía que había encontrado en ella algo más que una compañera de habitación, una nueva amiga en quién confiar. Lisa escuchaba, pero calculando y midiendo cada palabra que decía, necesitaba asegurarse de no decir nada que revelara su verdadera identidad.
—Mi ex esposo —comentó Alicia en un momento—, es uno de los herederos de la familia Vitolli. No sé si los has escuchado mencionar, pero son empresarios poderosos en esta ciudad.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lisa. Los Vitolli. Ese apellido cambió todo en un instante. Su plan inicial de simplemente de permanecer ahí en la clínica en las sombras hasta que le dieran de alta y luego escapar y alejarse de todos ellos. No quería hacer daño ni involucrarse emocionalmente con ninguno de los que había conocido en ese lugar, sabía que eran buenas personas y no tenían nada que ver con su venganza, pero la mención de ese apellido, cambió todo, su plan se transformó en algo mucho más complejo y más retorcido
—¿Los conoces bien? ¿A los Vitolli? —preguntó Lisa, intentando parecer casual. Alicia no notó el brillo metálico en sus ojos.
—No tanto. No llegué a relacionarme mucho con ellos durante mi matrimonio con Mark, ellos no me quería así que los evité a toda costa, pero se que manejan muchos negocios y Mark estaba a cargo de varios de ellos.
Lisa permaneció en silencio unos segundos, intentaba asimilar toda la información. El destino jugaba sus cartas y ella lo sabía. No era una coincidencia cualquiera. Era una señal.
—Necesito reconstruirme —murmurmó para sí misma.
Alicia la miró extrañada. —¿Qué dijiste?
—Nada —sonrió Lisa—. Solo pensaba en lo fuerte que eres —exclamó con tranquilidad y dulzura. Alicia le devolvió la sonrisa.
Los pensamientos de Lisa eran una tormenta en ese momento. Una mezcla de su deseo de venganza, justicia y dolor, pero sobre todo, el inicio de un renacimiento que haría temblar los cimientos de quienes alguna vez la traicionaron. Su mirada se endureció. La decidión estaba tomanda, el juego solo acababa de comenzar.







