La luz de la mañana se filtraba tímidamente a través de las cortinas blancas de la habitación. Lisa abrió los ojos, su mirada era como un témpano de hielo: fría, calculadora, pero con un fuego interno que ardía con una intensidad demoledora. No era una mujer derrotada, sino una guerrera renaciendo de sus propias cenizas.Se incorporó lentamente, observando cada rincón de la habitación de la clínica. Sabía que estaba en el lugar perfecto para reconstruir su plan. Su mente era un laberinto de recuerdos, de dolor, de rabia contenida. Cada respiración era un paso más cerca de su venganza.Giró su cabeza y en el umbral de la puerta, una mujer joven y embarazada, la miraba con sorpresa.—Hola. Me llamo Lisbeth... bueno, me puedes decir Lisa… Supongo que tú eres mi compañera de habitación –exclamó con una pequeña sonrisa.La mujer no lograba salir de su shock. Lisa la observaba en silencio recostada desde su cama a la espera de una respuesta. Solo le sonreía con los labios cerrados mientras
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