Carlos
El llanto me despertó.
No fue inmediato; al principio lo confundí con un sonido lejano, apenas irritante. Creí que Gabriel lloraba y que ninguna de esas idiotas contratadas se hacía cargo.
Maldita sea, voy a despedirlas.
Sin embargo, conforme recuperaba la consciencia, el sonido se volvió más claro y cercano. Un sollozo contenido, irregular.
Me incorporé despacio.
Laura estaba sentada al borde de la cama, envuelta en la sábana. Tenía la cabeza gacha y una mano cubriéndole el rostro. Sus