Laura
Las luces tenues del pasillo ya estaban encendidas cuando abandonamos la habitación de Gabriel. Mariana avanzaba unos pasos delante de mí, hablando en voz baja sobre los horarios del bebé, con el andar silencioso de quien conoce cada crujido de la casa. Yo me detuve al pasar frente a la puerta cerrada de Rebeca.
Un sonido apagado atravesó la madera. Un sollozo contenido e irregular.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza. Alcé la mano y cerré los dedos, dudando, a punto de tocar.
—No se