Laura
Caía la tarde mientras regresábamos hacia Santa Mónica. El silencio al interior del vehículo era espeso y solo interrumpido por leves balbuceos de Gabriel. A pesar de todo lo ocurrido y hablado en esa primera instancia, lo único que permanecía en mi cabeza era la propuesta de Carlos: “Vuelve a la mansión. Sé mi esposa”.
No quería ni pensar en eso. Su cinismo no tenía límite. A pesar de todo, su arrogancia dejaba claro que ya se sentía victorioso y aunque odiara admitirlo tenía razón en a