Laura
El doctor Campbell cerró su carpeta y me miró sin condescendencia, sin suavizar nada.
—Estás estable —dijo—. Coherente, orientada, consciente de tus errores y de tus límites. No presentas riesgo para tu hijo.
Asentí.
Eso ya lo sabía.
—Pero esto no es solo un tema clínico, Laura —continuó—. Es un juicio de poder.
Gabriel se movió en mis brazos, inquieto. Le besé la frente de forma automática, como si ese gesto pudiera blindarlo de todo.
—Lo más seguro es que el padre del niño no juegue lim