Capítulo 41

Antonio

Arrastré una silla hacia un lado de la camilla y me senté al revés, apoyando los brazos en el respaldo. Gómez tragó saliva con tanta fuerza que su cuello vibró. El temblor en sus ojos era imposible de esconder.

—Bien, Gómez —dije tranquilo—. Ahora hablaremos tú y yo.

Él no respondió. Su mirada iba del oficial a mí y volvía, atrapada en un

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