Capítulo 28

La puerta se cerró y ellos desaparecieron al interior de la oficina. Me quedé de pie en el corredor, con el equipaje de Laura en la mano. Sabía que era una entrevista de rutina que debía manejar sola; sin embargo, me sentí ansioso. Quería protegerla y tenía claro que Santa Mónica era la mejor opción en ese momento. Aun así, no podía quedarme quieto.

Quién sabe cuánto tiempo estuve ahí parado, contemplando esa puerta de color miel, hasta que Mariela habló, con cierta intriga en la voz:

—Doctor G
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