Lucia
He permanecido aquí.
La sala está oscura, pero no me muevo.
No lloro.
No grito más.
Incluso he perdido la fuerza para odiar.
Estoy vacía.
No calma. No en paz.
Solo... vacía.
Como si hubieran arrancado todo.
Y que el silencio, ese maldito silencio, se hubiera extendido por dentro.
Por todas partes.
Lo vi irse.
Sus pasos se volvían más pesados a medida que subía.
Su espalda erguida, demasiado erguida, como si quisiera demostrarme que aún controlaba algo.
Él huía.
Como siempre.
Pero esta vez