Antes de que Armyn pudiera subir al escenario, una mano fuerte se cerró alrededor de su muñeca. El contacto la obligó a girar, y ahí estaba él: Riven.
El alfa que había marcado su vida, el que la había rechazado sin siquiera mirarla con verdadera atención. Y ahora, sus ojos estaban fijos en ella como si hubiese visto un fantasma.
—Armyn… tú —su voz tembló con un desconcierto que rara vez se escuchaba en un alfa de su rango—. ¿Eres la reina Alfa de Ígnea?
La incredulidad en su rostro era tan evid