Armyn apenas levantó la mano cuando los guardias reaccionaron con la velocidad de un rayo.
Riven fue tomado por ambos brazos y, antes de que pudiera volver a verla, fue expulsado del palacio entre gruñidos, órdenes y el eco helado de la puerta al cerrarse. El silencio que quedó después fue tan intenso que Armyn sintió que le oprimía el pecho.
El pequeño Dyamond, que había presenciado apenas un fragmento de aquella escena, corrió hacia ella con sus manitas extendidas. Armyn lo sostuvo contra su