Todo el ejército de betas avanzó al frente al mismo tiempo, como si una sola voluntad los guiara. Sus cuerpos formaron un muro impenetrable de músculos tensos y miradas decididas, un escudo vivo dispuesto a resistir cualquier embate.
A su lado, el líder beta y los guerreros más fuertes de la manada ocuparon posiciones estratégicas, abriendo ligeramente los hombros, dejando ver los colmillos afilados y extendiendo las garras listas para desgarrar.
No había duda ni vacilación en sus ojos. Estaban