Sir Maryo avanzaba con paso firme al frente del pequeño ejército que había logrado reunir tras años de exilio.
Cada pisada resonaba como una declaración silenciosa de que no había sido derrotado, solo apartado temporalmente del tablero.
A su lado caminaba su hija, Áglae, erguida, silenciosa, con los ojos brillando de determinación y una furia contenida que apenas lograba disimular. Había crecido entre traiciones, huidas y promesas rotas, y aquello la había vuelto peligrosa.
Detrás de ellos march