Tena escuchó pasos, aproximarse por el corredor de piedra, un sonido seco y firme que retumbaba como un corazón acelerado dentro del silencio pesado de la habitación. Su cuerpo reaccionó antes siquiera de pensarlo: un estremecimiento recorrió su columna y, envuelta en un impulso de pánico, abandonó su forma lobuna.
La transformación la dejó jadeando, con el corazón golpeándole el pecho.
A toda prisa limpió con sus manos desnudas los restos de polvo del suelo y empujó con torpeza los frascos que