La noticia corrió como un incendio imposible de contener: la sacerdotisa había sido asesinada por el líder de los hibrimorfos. Apenas el mundo lobuno olió el rastro de la tragedia, la conmoción se esparció con la misma facilidad con la que el viento arrastra las hojas de un bosque entero.
En cuestión de minutos, todos hablaban de ello. Unos con miedo. Otros con rabia. Y unos cuantos, con una peligrosa mezcla de esperanza y desesperación.
Tena sintió cómo su pecho se oprimía al escuchar los rumor