Armyn no dijo nada. El silencio se le clavó en la garganta como un colmillo helado. Tenía tantas palabras atrapadas dentro, tantas verdades que le quemaban el alma… pero ninguna podía salir.
No podía confesar que su hijo también era hijo de Riven.
No podía. No debía.
“Si lo digo… ¿Y si me lo quita? ¿Y si la Manada Luna Negra reclama lo que considera suyo? No quiero una guerra por mi cachorro. No permitiré que nadie lo toque.”
El miedo, disfrazado de determinación, le endureció el rostro. Tomó ai