Armyn se plantó como una roca entre la Luna Coral y los hibrimorfos que las rodeaban.
La noche olía a humedad y sangre, a metal y a tierra removida; cada aliento era una promesa de peligro. Sus ojos brillaban con la luz de la luna, y la loba Astrea rugió en su interior, desplegando todo el costado salvaje que llevaba dentro.
Los híbridos se abalanzaron en un gesto conjunto, garras y alas iluminadas por la luna; sus rostros eran una mueca de avaricia y descomposición, mitad hombre, mitad bestia,