Entonces apareció Armyn, emergiendo entre el humo, la tierra removida y los restos humeantes del combate, acompañado por un destacamento del ejército que había logrado reagruparse tras la confusión.
Sus pasos eran firmes, cada pisada resonando como un golpe seco sobre el suelo agrietado, pero en su mirada se leía la urgencia y la preocupación. Había vivido muchas batallas, pero algo en aquella escena lo hizo tensarse como nunca antes.
—Alfa Elegido, debemos retirarnos ahora —dijo con voz firme,