La manada de Hibrimorfos.
Todo en el gran salón del consejo olía a nerviosismo contenido. No era un silencio tranquilo, sino uno cargado, espeso, como el aire antes de una tormenta. Los lobos más antiguos caminaban de un lado a otro, las garras rozando la piedra pulida del suelo, los collares de rango tintineando con cada paso impaciente. Nadie alzaba demasiado la voz, pero todos murmuraban lo mismo: la espera se estaba prolongando más de lo debido.
—¡¿Por qué aún no hay respuesta del nuevo rey